Desconectar-te


Entre internet, la inteligencia artificial y las redes sociales, creemos estar conectados. Todo parece estar al alcance de la mano y, a grandes rasgos, asi es: podemos enviar un mensaje  en segundos o acceder a una gran cantidad  de información  con solo deslizar un dedo.

Sin embargo, esta aparente cercania convive con una paradoja profunda. Pienso por ejemplo  en quienes viven alejados en un entorno rural o en parajes distantes, las pantallas suelen ser la unica ventana al mundo y el único canal de interacción  social. En este contexto, una persona puede sentir legutimamente que se encuentra conectada, que forma parte, y terminar dedicando horas y horas a estar en las redes creyendo que esa conexión es real. Todos necesitamos sentirnos parte de una comunidad, cuando el entorno físico inmediato es de soledad,  el cerebro busca estímulos sociales. Dar "me gusta", comentar un video o leer opiniones en un foro simula una charla de cafe. Para quien pasa dias sin ver a un vecino, la inmediatez de la pantalla ofrece una falsa sensación de reciprocidad que el cerebro confunde con un intercambio real. 

Ver que hay miles de personas activas al mismo tiempo genera el espejismo de estar acompañado. Se confunde el hecho de "consumir contenido compartido por otros" con el hecho de "compartir la vida con otros".

Si las personas terminan siendo solo una pantalla, dificilmrnte podamos luego reconocer sus inquietudes, pensamientos y opiniones reales. El otro se reduce a una caricatura digital y se debilita la tolerancia al encuentro físico y a la convivencia real.

Frente a esto pienso que , practicas como el yoga se presentan como un puente necesario hacia uno mismo y hacia los otros. Nos devuelven al cuerpo, al territorio de lo concreto y a la certeza de que todos somos a partir del otro. Salir de la trampa del aislamiento digital exige notar que la verdadera conexión  no habita en las horas de pantalla, sino en el espacio compartido donde podemos habitarnos y reconocernos sin filtros.

El territorio o entorno digital, no puede compararse con el territorio físico, básicamente por la ausencia de las experiencias que el último ofrece, y que activan todos nuestros sentidos, lo que se ve, se escucha, se palpa, se siente o se vive. 


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